
El uso del chupete nació con la disminución de la lactancia materna. Investigaciones recientes afirman que su utilización se correlaciona con una menor predisposición de la madre para amamantar a demanda.
La necesidad de succión no nutritiva es una necesidad real de los bebés en sus primeros años, que el chupete ayuda a satisfacer cuando la mamá no está disponible, por salud, trabajo u otros motivos. Puede ser muy útil cuando hay alimentación con mamadera ya que el tiempo de succión tanto en duración como en cantidad de tomas es muchísimo menor que en los niños alimentados a pecho.
Según parece el uso del chupete también resulta beneficioso para estimular la succión de los bebés prematuros.
Pero también se sabe que produce dificultades respiratorias (respiración bucal), malformaciones en la dentadura, mayor incidencia de caries y de otitis media.
Como vemos tiene sus pro y sus contras.
Personalmente creo que la mamá que recurre al chupete, lo hace muchas veces por consejo ajeno, porque le han dicho que es eficaz para calmar los cólicos y para espaciar una toma de pecho o de mamadera. También sé de mamás que se los dan porque quieren desalentar la lactancia en determinado momento del día, por ejemplo a la hora de ir a dormir.
Se sabe que la introducción temprana del chupete, antes que la lactancia natural esté bien establecida, (por lo menos 3 semanas) puede producir lo que se ha dado en llamar “confusión de pezones”, lo que trae aparejado una mala prendida al pecho, con la consecuente baja en la producción láctea y un deficitario progreso de peso del bebé.
Es verdad que un bebé con chupete deja de llorar, y lo hace simplemente porque se le ha tapado la boca.
Es muy interesante el hecho de que para enseñar al hijo a esperar, se ofrezca algo que puede tener disponible siempre, el chupete siempre se puede dar, para descargar la tensión succionando. No ocurre así con el pecho ni con otro tipo de confortación.
Sospecho que la verdadera razón es una desconfianza de la mamá en la propia capacidad de calmar a su hijo, cosa que seguramente, si tuviera el aliento adecuado desarrollaría sin mayores dificultades.
Como tantos adminículos modernos, el chupete fue inventado para sustituir y posponer la presencia de la mamá ante el llamado de su hijo, que está expresando una necesidad.
Y es valioso cuando la ausencia tiene un motivo justificado.
Pero cuando su uso obedece a una costumbre sin reflexión, al consejo ajeno o a la falta de contención de la mamá para poder contener al hijo, es una pena.
Realmente me da mucha tristeza cuando veo por la calle, niños cuyas madres responden a su llanto tapándoles la boca con el chupete.
Así los bebés aprenden que es mejor no expresarse con gestos (antecesores de las palabras), que lo que le pasa no importa y que más vale conformarse con cosas cuando las personas no responden.
Tal vez pueda parecer exagerada, (de hecho lo soy un poco) pero la verdad es que cada gesto, cada palabra, cada decisión moldea la afectividad de los niños de manera asombrosa, más cuando se trata de hábitos.
Por supuesto siempre hay tiempo de reparar errores, no somos perfectos y no sabemos todo, pero me parece valioso poder informarnos y reflexionar un poco, antes de tomar algunas decisiones sobre todo si éstas conciernen a nuestros tesoros más preciados, nuestros hijitos.